martes, 23 de marzo de 2010

Fidelidad, obediencia, placer y entrega.

El ser uno mismo, con sus defectos y sus virtudes, es sin duda alguna una virtud digna de alabanza. Estar en todo momento de acuerdo en algo ya antes pre-establecido es la antítesis a determinadas normas de conducta de todo ser humano, libre y racional. A la manera de manifestar mis sentimientos no le doy excepción alguna, y por lo tanto, jamás me he sentido o necesitado de añoranza alguna al recordar alguna que otra ocasión antes vivida en las relaciones que como dominante he tenido.

Pienso que todo ser viviente está necesitado quiérase o nó, de todo aquello que por suerte o por desgracia, en la vida le haya sido poseedor o merecedor de lo que a bien o mal se le mencione.

El ser siempre "el mismo", sin falsas apariencias, engaños, mentiras y demás es lo que yo considero...ser fiel. Bien es cierto que hay ocasiones en las que uno se vé "forzado" a tomar decisiones que en un futuro no muy lejano pueden llegar a ser malentendidas o malinterpretas por el resto de quienes si las pudieren juzgar, aun así, si esas decisiones han sido frutos de esa enorme voracidad que un dominante puede llegar a sentir cuando de verdad necesita ese deseo incontrolable de dominación, a mi modo de ver el bdsm, el cual considero tan lícito y tan sincero como el que más, es prueba inequívoca que lo acontecido tiene un porqué y no debe ser excluído, ya se le pueda llamar egocentrismo, o como se le desee catalogar.

Acatar unas normas pre-establecidas, con la simple y llana "cláusula" como es LA VERDAD y esa razón pura y convicente, es ser fiel a aquello que deseas, y por lo tanto a uno mismo.
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